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Razonamiento espacial / Lateralidad

Publicado en Menú Superior

Lateralidad

         A través de diversas pruebas evaluamos la coordinación visomotora, la discriminación figura-fondo, la constancia de la forma, las posiciones en el espacio y las relaciones espaciales.  Trabajamos, pues, el desarrollo motor, valoraremos  la motricidad fina, la motricidad gruesa, las capacidades perceptivo-motrices (espacio-tiempo), las habilidades y destrezas como caminar, saltar, correr...) y el esquema corporal y lateralidad.

 

Lateralidad cruzada

         La lateralidad viene a ser una función de alta complejidad ya que es la que hace posible que nos orientemos en el espacio y el tiempo, y como consecuencia correcta   codificación y manejo de símbolos de lectura y escritura, tanto en letras como en números. Si el niño, en torno, a los 6 años no ha desarrollado una buena lateralidad, esto va a incidir considerablemente en su proceso de aprendizaje, convirtiéndose en una de las dificultades de aprendizaje más comunes dentro de la lecto-escritura como consecuencia del bajo dominio viso espacial; lo que deriva en una mayor falta de atención y un mayor cansancio a la hora de realizar sus tareas.

        La mayoría de las personas tenemos una preferencia por un lado de nuestro cuerpo, por lo cual desde niños debemos construir una buena lateralidad para obtener un punto de referencia espacio-temporal, fundamental para una correcta organización interior y exterior, en torno a lo que nos rodea. Esta lateralidad es adecuada cuando tanto el ojo, la mano, el pie y el oído de un  mismo lado son los dominantes indistintamente del lado derecho o el izquierdo.

        Si esto no se produce de esta manera estaríamos ante lo que conocemos como lateralidad contrariada (estamos ante un chico diestro que escribe con la mano izquierda o viceversa o lateralidad cruzada que consiste en la predominancia del ojo derecho y a la par la dominancia de la mano izquierda o al contrario, es decir, mano derecha dominante-ojo izquierdo dominante.

        Los problemas más frecuentes están orientados hacia la dificultad de automatizar la lectura, la escritura y el cálculo; la inversión de letras o números en torno a la lectura o escritura, lo que deriva en un problema de comprensión por la inadecuada codificación de los elementos o la  sustitución de unas letras por otras; frecuentes errores en la lectura o/y falta de ritmo en la lectura; problemas en cuanto a habilidades psicomotrices o lo que es lo mismo confundirse a la hora de situarse en la derecha o izquierda a partir del eje medio temporal;  desorientación espacio-temporal, dificultades en torno a la elaboración de conceptos básicos matemáticos; lentitud de reacción u escasez de reflejos inmediatos en la realización de algunas tareas o actividades manuales.

        Todo ello puede dar lugar a otros problemas  psicopedagógicos como son los Déficit de Atención con o sin Hiperactividad, desmotivación, baja autoestima, inhibición, brotes de irritabilidad, reacciones desmedidas, falta de concentración, aparte de presentar distintas dislexias, discalculias, disgrafías, etc.

        Para su evaluación existen pruebas específicas que nos ofrecen una lectura interesante como toma de contacto o aproximación de esta dificultad, pero  en cuanto a la intervención hay que tener en cuenta diversos aspectos como la neuro-biología del niño/a o partes delicadas del cuerpo como los ojos por ello es fundamental la coordinación entre distintos profesionales.

Centro Colaborador con la Universidad Complutense de Madrid. Facultad de Educación.